Carlos Aznárez Periodista
Los periodistas nos dividimos en dos bandos irreconciliables. Aquí y en todas partes. Están los que son parte de la estrategia del dueño del "holding" para el que trabajan, los correveidile de cualquiera de las opiniones políticas y económicas del director-gerente de turno, los que practican la genuflexión, el "sí señor, no señor", convirtiéndose en plumíferos, simples portadores de las noticias, informaciones o análisis que le interese imponer el mandamás de turno. Ejemplos de esta clase, conocemos en este país y en todo el planeta. Se llaman asimismo "periodistas objetivos", "apolíticos" o "profesionales de la noticia". Ocupan, casi todos ellos, lugares importantes en la plantilla de cualquier periódico, radio o TV que se precie, y se ganan un sobresueldo laborando en sus horas libres de "tertulianos", opinando y machacando en una dirección: satisfacer el discurso único de los poderosos en contra de los que se rebelan, disienten o simplemente se quejan de este mundo miserable que les ha tocado en suerte vivir. Estos personajes de nombres rimbombantes suelen colaborar activamente con las estrategias represivas que se plantean los estados autoritarios (dictaduras o democracias vigiladas, qué más da).
En el otro extremo de la calle están los periodistas vinculados estrechamente a los sectores populares, los que son parte indivisible de las preocupaciones, las angustias y muchas veces, la desesperación, de los desposeídos. Sufren sus mismos golpes y muchas veces terminan en prisión o pasan a engrosar las filas de los mártires populares.
Los latinoamericanos sabemos bastante de estos avatares. Cientos de periodistas desaparecidos, muertos, torturados, son un ejemplo claro de que en ciertas circunstancias, elegir en qué lugar estar parado, puede significar el peor de los castigos.
Pepe Rei está, qué duda cabe, en este último bando, en donde los que militan en él, creen con las Madres de Plaza de Mayo que "la única lucha que se pierde es la que se abandona". Por eso, no causa asombro que un juez de Madrid lo haya mandado otra vez a la cárcel. Los latinoamericanos conocemos también de estos jueces. Varios de ellos de nombres tremendamente simbólicos para quienes los padecieron, provocaron con su accionar leguleyo que muchos periodistas y militantes populares no sólo se pudrieran en la cárcel sino que algunos terminaran en los campos de concentración de Chile, Argentina, Uruguay o Guatemala.
El juez que hoy encarcela a Pepe Rei, es el mismo que lleva casos resonantes como el de los desaparecidos argentinos y el del genocida Pinochet. Vaya paradoja engendrada por el mismo Sistema que montaron los Videla y los militares chilenos, que a la hora de diagramar estrategias represivas no son distintos a los que pululan por estas tierras.
Con Pepe, en la cárcel, están todos los que luchan, los que no se rinden, los que no cambian de camiseta. Los revolucionarios de todas las épocas y latitudes. Con Pepe Rei estarían, no lo dudemos, los "desaparecidos" argentinos y chilenos, que tanto utiliza el juez Garzón para aumentar su popularidad fronteras para afuera, ya que ellas y ellos no desaparecieron por ser solamente buenas chicas y chicos, sino porque por encima de todo eran entregados luchadores, combatientes por la justicia, rebeldes con causa. Gente del pueblo que se enfrentó por todos los medios a los militares asesinos y a sus cómplices de la banca, la "Justicia, la Iglesia y la politiquería. Por eso los mataron y los pretenden seguir matando borrando de la memoria el motivo de su rebeldía.
Con Pepe Rei y contra el montaje que él mismo denunciara estamos todos los periodistas antifascistas y anticolonialistas, que hacemos de esta profesión tan manoseada una trinchera al servicio de los que no tienen voz.
Pepe Rei no está solo. Solos están sus verdugos.
![]() |